Chicha tu madre: Refrescante, pero no del todo
Chicha tu madre es una de los pocos trabajos artísticos que sobresale del desértico paisaje de la cinematografía nacional de los últimos años. A pesar de que sus defectos (conformismo, falta de seriedad) superan sus virtudes, su actitud simpatizante hacia la clase trabajadora limeña y su intento de retratar a esta desde un punto de vista más contemplativo es suficiente para convertirse en un remedio refrescante (aunque efímero) hacia las tendencias artísticas populistas.
Chicha tu madre es una de los pocos trabajos artísticos que sobresale del desértico paisaje de la cinematografía nacional de los últimos años. A pesar de que sus defectos (conformismo, falta de seriedad) superan sus virtudes, su actitud simpatizante hacia la clase trabajadora limeña y su intento de retratar a esta desde un punto de vista más contemplativo es suficiente para convertirse en un remedio refrescante (aunque efímero) hacia las tendencias artísticas populistas.

Julio Cesar (Jesús Aranda) es un limeño en sus cuarenta-y-tantos años que se gana la vida como taxista. Al comienzo de la película llega a su casa y su disgustada esposa le revela que su hija esta embarazada. Sorprendido, aunque no del todo, Julio Cesar tiene que seguir con su vida. Tiene un problema legal con la propiedad de su casa y la relación amorosa con su esposa agoniza lentamente. Pertenece a un club de futbol en el cual uno de los altos miembros lo detesta y lo tilda de “salado” para el equipo. Con el eventual rechazo de su familia, Julio Cesar decide consolarse con Katlyn (Tula Rodriguez), una prostituta. Varios personajes aparecen en su vida que más o menos viven de la misma manera que él o llevan en su peso los mismos problemas impuestos por la clase social a la que pertenecen. Al final, confrontado por una serie de malentendidos y tratando de ayudar a una persona, Julio Cesar toma un inesperado viaje.
Gianfranco Quattrini (nacido en 1972) ha decidido retratar la vida de un hombre ordinario en una historia que le podría sonar más que ordinaria a una persona que no solamente vive en Lima, Perú, sino en casi cualquier parte del mundo. El mejor lado de Chicha tu madre es el que trata de llegar hacia el espectador como la obra de arte amiga y comprensible del hombre común. Y sin embargo, esto no significa una simplificación de los temas, ni tomar sólo aquello que sea comprensible a la clase social que la película retrata para que así esta pueda “entenderlo mejor”. Eso seria ideal para un populista. Afortunadamente Quattrini ha entendido este punto y ha luchado en contra de éste. Por ejemplo el personaje de Julio Cesar es, después de todo, un egoísta, un padre negligente, uno que decide gastar su dinero en prostitutas en vez de preocuparse por su hija embarazada y uno que incluso decide robarle a un amigo el mismo carro que le vendió para así obtener un poco mas de dinero. Y sin embargo hasta el final de la película sabemos que él no es ninguna clase de monstruo o un ser incomprensible ya que nunca deja de ser un personaje con el cual podamos simpatizar o sentir algo en vez de todo lo que podríamos odiar en él. Esto, un populista simplemente nunca podría hacer, ya que ellos sienten la necesidad de “acercarse” a sus espectadores con los retratos y caracterizaciones más simples o menos complejas.
Otro acierto de la película es su intrusión sin aviso hacia las calles limeñas. Nunca en otra película las he visto tan reales y el punto de Quattrini llega fácilmente: el uso de las calles sin ninguna alteración mostrando a las personas en sus asuntos diarios hace que Lima hable con imágenes por sí sola. Es la odisea de un hombre común haciendo su vida diaria en las calles de Lima.
Y, aún así, habiendo demostrado todos estos atributos, Quattrini no pudo llegar más lejos debido a los límites impuestos por la así llamada Cultura Chicha (de la cual se deriva el nombre de la película). Después de todo, esto no debería sorprender tanto considerando actualmente que varios académicos, intelectuales, artistas entre otros se estén soltando por completo a la aprobación y aplauso de esta “cultura”.
¿Por qué la película decae debido al uso de la perspectiva chicha? Porque esta es la imposición por parte de la burguesía de la figura, apariencia y fin cultural de las clases bajas para que ésta no pueda sobresalir del molde de y la forma con la que la sociedad burguesa mantiene y desea mantener su propia perspectiva y apariencia que tiene de las personas que pertenecen a esta clase. Asimismo sirve como el medio por el cual la burguesía exporta su escepticismo, incredulidad y desprecio hacia las aspiraciones de un desarrollo cultural propio de la clase trabajadora que tome las posibilidades de sembrar este mismo desarrollo de una manera adecuada. Pero obviamente esto es demasiado peligroso para la burguesía porque tendría como repercusiones desde la toma de consciencia de la clase trabajadora de sus propias condiciones hasta la destrucción de los mitos sobre la sociedad peruana de la cual la burguesía se nutre en una base diaria.
¿Cuál es el resultado de haber tomado este punto de vista y usarlo para delinear la historia de un limeño de la clase trabajadora?
Pues el resultado no pudo haber sido otro que la renuncia de cualquier análisis serio del estado de la clase social a la que Julio César, el protagonista, pertenece y en reemplazo de eso retratar a los personajes en un tono más picaresco y rufianesco asimismo como dar como razón de los infortunios o los ruines actos de los personajes a su atraso social o a la condición de que pertenecen a las clases más bajas de la sociedad. Casi al final de la película cuando Julio César en vista de todos sus infortunios solloza tranquilamente en su hogar recuperándose de sus heridas, lo único que podemos entender es que se trata de otro momento en el cual debemos reírnos de sus desaventuras. ¿Y por qué no el otro resultado? Porque haber hecho lo contrario –ofrecer un retrato más perspicaz, compasivo y mostrar que los actos que cometen los personajes, sean buenos o malos, provienen de razones más serias- hubiera sido perturbar a la burguesía quién aún decide seguir viendo con desprecio y escepticismo a la clase trabajadora y retratándolos en la manera que a ella le conviene mejor.
Chicha tu madre, efectivamente, refresca a uno del efecto de las “obras” populistas que tanto claman y aseguran que son las mejores en “representar” a la “gente” y al “pueblo”. Pero tampoco no logra alzarse por más de eso. Quattrini no decidió ir más lejos, no pudo o no quiso. Será algo obligatorio que los artistas desechen esta u otra tendencia prevalescente y encontrar una verdadera visión del mundo saliendo a las calles y retratando honestamente lo que encuentren.
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